Uso de la preposición ‘de’

Una característica de las lenguas romances, y por la que éstas se diferencian de la lengua madre, el Latín, es el uso frecuente de preposiciones que terminaron por sustituir la declinación de esta lengua. La frecuencia con que usamos la preposición le da importancia a esta unidad o estructura de relación, cuando precede a voces […]

Una característica de las lenguas romances, y por la que éstas se diferencian de la lengua madre, el Latín, es el uso frecuente de preposiciones que terminaron por sustituir la declinación de esta lengua. La frecuencia con que usamos la preposición le da importancia a esta unidad o estructura de relación, cuando precede a voces que tienen significado, como son: verbos, sustantivos, adjetivos y adverbios.

El uso de la preposición presenta un escollo en nuestra lengua porque no existen reglas precisas, como las de acentuación, que determinen el uso correcto en cada caso; sí existe una práctica o criterio de autoridad, que es el que rige a los hablantes o a quienes codifican un mensaje escrito. De hecho, la preposición en sí, no tiene significado ni autonomía sintáctica, pero sí modifica el sentido de la palabra a la que precede. Así, ‘en’ no tiene significado, pero ‘en casa’ tiene un sentido que no es el de simplemente ‘casa’.

En esta oportunidad, me ocupo de la preposición ‘de’, que en la lengua madre se usaba con el caso ablativo para indicar el argumento de una obra, recordemos a Cicerón y sus obras De officiis (De los oficios), De oratore (Sobre el orador), De senectute (Sobre la vejez). No recuerdo que en el Latín, esta preposición unida a un sustantivo, tuviese otro significado.

En Español, el uso es frecuentísimo y los matices semánticos que da son muy variados. En efecto, decimos: casa de Eugenio, cuando queremos indicar la posesión o pertenencia; vaso de vidrio, cuando nos referimos a la materia del vaso; también decimos vaso de agua, cuando queremos señalar el contenido del vaso (en casos como éste, en que tenemos en el enunciado dos estructuras formales idénticas, los lingüistas diferencian entre estructura superficial en el primer caso y estructura profunda en el segundo); igualmente decimos: uno de los candidatos será elegido para indicar parte de algo; vengo de Masaya, para señalar el origen; hombre de palabra, para señalar cualidad; de madrugada, para indicar tiempo; murió de hambre, para hacer referencia a la causa, etc.

En general, no existe dificultad en el uso o comprensión de los casos señalados; pero sí es fácil constatar que los hablantes o autores de mensajes escritos tienen dificultad en los casos siguientes:

Fechas: Managua, 12 de diciembre de 2006. El uso tradicional ha sido de, antes del año y no del.

Con el verbo ‘deber’ más infinitivo de otro verbo: si queremos indicar posibilidad, ponemos la preposición de: Debe de estar en casa. Es correcto cuando indica la posibilidad, cuando indica orden o disposición, la preposición se omite, p. ej. debe venir con nosotros (en este caso no podríamos decir: debe de venir con nosotros).

Oportunamente, abordaremos el uso de la preposición de antes de que. En adelante, no olvidemos el uso correcto de la preposición de, antes del año y después de una forma verbal conjugada de ‘deber’ y antes del infinitivo de otro verbo.

La Prensa Literaria

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